Si alguna vez pediste financiamiento para tu pyme, seguramente notaste que la tasa que te ofrecen no depende solo de cuánto necesitás, sino de cuán riesgosa te ve el banco o el mercado. Ahí es donde entra en juego una herramienta poco conocida pero muy usada por las pymes argentinas: el aval de una Sociedad de Garantía Recíproca, o SGR.

¿Qué es una SGR?

Una Sociedad de Garantía Recíproca es una entidad que existe con un solo propósito: otorgar garantías a pymes para que puedan acceder a mejores condiciones de financiamiento, tanto en bancos como en el mercado de capitales. Están reguladas por ley y funcionan con dos tipos de socios: los "socios protectores" (grandes empresas o inversores que aportan capital al fondo de garantía) y los "socios partícipes", que son las pymes que reciben el aval.

¿Cómo funciona el aval en la práctica?

Cuando tu pyme necesita financiarse —ya sea descontando un cheque, emitiendo un pagaré bursátil o colocando una Obligación Negociable— quien presta el dinero analiza el riesgo de no cobrar. Una pyme, por su tamaño y su historial más corto, suele verse como más riesgosa que una empresa grande.

El aval de la SGR cambia esa ecuación: la SGR se compromete a responder por la deuda si la pyme no puede pagar. Como respaldo, quien invierte ya no evalúa solo a tu empresa, sino también la solidez de la SGR que te garantiza. El resultado directo suele ser una tasa más baja y, en muchos casos, acceso a instrumentos que de otra forma estarían fuera de tu alcance.

Beneficios concretos para una pyme

  • Mejor tasa: al reducir el riesgo percibido, el costo del financiamiento baja.
  • Acceso al mercado de capitales: muchos instrumentos (ON Pyme, pagaré bursátil) piden algún tipo de garantía, y el aval SGR cumple ese requisito.
  • Plazos más flexibles: con el respaldo de la garantía, se pueden negociar plazos de pago más largos.
  • Historial crediticio: operar con aval SGR construye un historial que facilita futuras operaciones.

¿Cómo se consigue un aval SGR?

El camino general es el siguiente:

  1. Hacerse socio partícipe de una SGR, aportando un capital social que después se recupera.
  2. Presentar la documentación de la empresa: balances, situación fiscal, y el detalle de la operación a financiar.
  3. Evaluación del comité de crédito de la SGR, que analiza la capacidad de pago de la pyme.
  4. Emisión del aval, que luego se utiliza para respaldar la operación concreta: un cheque, un pagaré, una ON, etc.

Trabajar con más de una SGR, en lugar de depender de una sola, también da margen para comparar condiciones y elegir la que mejor se adapte al perfil de cada pyme.

¿Es para cualquier pyme?

La mayoría de las pymes con facturación regular pueden acceder a un aval SGR, incluso sin un historial extenso en el mercado de capitales. El primer paso siempre es un diagnóstico de la situación puntual de la empresa, para saber qué SGR y qué instrumento conviene más en cada caso.

¿Querés saber si tu pyme puede acceder a un aval SGR?

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